El matrimonio de conveniencia, ¿única fórmula para un gobierno alternativo?

El matrimonio de conveniencia, ¿única fórmula para un gobierno alternativo?
Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias  

El principal competidor de Unidos Podemos por la segunda posición será el PSOE, con quien mantendrá hasta el final una batalla sin tregua, pero, por la cuenta que les tiene a ambos, deberá ser relativamente pacífica en aras de un posible acuerdo post electoral para derrocar el tancredismo genovés.


El escenario de las nuevas elecciones, salvo por la unión sobre la bocina dePodemos e Izquierda Unida, no presenta variaciones excesivamente significativas. En su línea, el PP continúa empleando como arma arrojadiza el miedo, con un discurso arcaico en que se pretende deslegitimar a las fuerzas del cambio, acusándolas de comunistas, extremistas y radicales. Y llegado el caso, si la situación se avecina propicia tirará de un recurso no menos anacrónico: los comunistas violarán a sus mujeres y se comerán a sus niños; por eso, voten por la estabilidad y la unidad de España, voten PP. Lo más espeluznante del asunto no es el empleo de una retórica estéril como instrumento electoralista, sino que además, e inexplicablemente, cala entre sus fieles votantes. Esos que miran hacia otra parte, como si nada fuera con ellos, cuando los dirigentes del partido desfilan por los juzgados de Plaza de Castilla.

Ciudadanos se ha subido al carro de los discursos efectistas aludiendo a Venezuela para advertir a la gente qué ocurrirá si el 26 de junio se vota Unidos Podemos. En su reciente visita a Caracas, Albert Rivera firmó una actuación sublime, propia de los más cotizados actores de Hollywood: semblante taciturno, ademanes de calculada melancolía y ojos llorosos, levemente enrojecidos, para evidenciar su desasosegado pesar por los venezolanos, mientras que por los españoles, muchos sumidos en una situación de absoluta precariedad, no ha soltado ni un sollozo.

En este sentido, la estrategia adoptada por la derecha me evoca a un ocurrente chiste descubierto años atrás. Durante el periodo franquista, un maestro, en uno de los exámenes patrióticos, pregunta quién descubrió América, quién escribió el Quijote y quién pintó Las Meninas. El examinado responde a todas las respuestas con contundencia: Franco. El presidente del tribunal le suspende, y en consecuencia, el alumno le profesa una retahíla de exabruptos: rojo, masón, ateo, comunista… Pues eso. Para actualizar ese chiste, sólo cabe sustituir Franco por Venezuela, y así, si vence la derecha, podrá continuar con el adoctrinamiento. ¿Quién llevó a la miseria a España? ¿Quién mete mano en las arcas públicas con fines lucrativos? ¿Quién alimentó al engendro comunista? Venezuela, Venezuela y Venezuela.

En el lado opuesto del tablero de ajedrez se sitúan el PSOE y Unidos Podemos. La coalición fraguada por Iglesias y Garzón ha conseguido agitar a una izquierda adormecida y hacerle ver que la formación de un gobierno progresista es posible, e incluso probable. Su principal competidor por la segunda posición será el PSOE, con quien mantendrá hasta el final una batalla sin tregua, pero, por la cuenta que les tiene a ambos, relativamente pacífica en aras de un posible acuerdo post electoral para derrocar el tancredismo genovés. Las encuestas de intención de voto, según costumbre, se presentan dispersas. Unas aluden que Unidos Podemos adelantará –lo que ahora todos llaman sorpasso, en un alarde innecesario de extranjerismos- en votos y escaños a la formación de Sánchez; otros que la coalición de izquierdas superará sólo en votos al PSOE; y otros que el PSOE conseguirá asentarse en esa segunda posición. Lo único que parece claro es que, independientemente de quien se alce con el triunfo en esa particular guerra de izquierdas, va a tener al otro pisándole los talones muy de cerca.

Llegados a este punto, sólo cabe hacerse dos preguntas. La primera, si la dirección del PSOE, recientemente perjudicada por el caso de los ERE, girará a la izquierda y buscará, sin rencores ni reticencias, entenderse con la coalición bendecida por Julio Anguita en beneficio de las clases populares; o si por el contrario se instalará definitivamente en el centro, lo que le acercaría a sellar esa gran coalición que anhela la derecha. En segundo lugar, cabe preguntarles a los dirigentes de Unidos Podemos si serán capaces de rubricar un matrimonio de conveniencia con el PSOE por el bien de los más. A estas alturas, el amor es lo de menos.