Contra la Inquisición y en defensa de Felipe VI y su iphone

Joaquín Vidal - Director de Estrella Digital


La marca de la Inquisición, del Santo Oficio, es indeleble en el código genético español. No se trata de creencias religiosas, sino de un código de conducta, que mueve a la sociedad a quemar en la plaza pública sin más miramientos al que no está limpio hasta las ultimas consecuencias.

La marca de la Inquisición, del Santo Oficio, es indeleble en el código genético español. No se trata de creencias religiosas, sino de un código de conducta, que mueve a la sociedad a quemar en la plaza pública sin más miramientos al que no está limpio hasta las ultimas consecuencias. La limpieza de sangre es una exigencia en la vida pública, también en la vida política, propia del ser Ibérico. Por eso Pablo Iglesias presume de abuelos republicanos, como hiciera ZP, y los abuelitos que cada cual tenga y cayeron territorialmente en la zona Nacional se ven inmersos en el vergonzante ostracismo, por muy buenas personas que fueran. Si Iglesias es un buen político y gestor, sinceramente me da igual a qué se dedicara su difunto abuelico. Esta semana le toca garrote vil, potro de tortura, hoguera, a Felipe VI. Escribió un mensaje a un amigo que se estaba viendo en la picota. ¡¡¡Que le corten la cabeza!!!

Todo esto no deja de ratificar lo que sentenciosamente decía el sospechoso Javier López Madrid en la cadena de mensajes: “Vivimos en un país difícil”. El yerno de Villar Mir había detraído unos 34.000 euros de la llamada tarjeta “black” de Bankia, una tarjeta que le habían dado para que hiciera uso de ella a discreción en plena borrachera orgiástica de los directivos de este banco que iba alocadamente al desastre. Y lo hizo. O sea, ahora sabemos que se equivocó gravemente. ¡¡A la hoguera!!

No hay términos medios. O se santifica al infractor –desde El Dioni a los “titiriteros”– o se les condena a muerte en plaza pública. Aunque rectifiquen–el tal López Madrid ha devuelto a Bankia todo lo que gastó con la tarjeta–, la mácula no tiene lejía que la limpie.

Este empresario tenía en su agenda a un tal PF PT, lo que universalmente se interpreta como “Príncipe Felipe Particular”. O sea, que se trata del teléfono móvil de Felipe de Borbón y Grecia –el “ciudadano Felipe de Borbón”, como dice con simpleza Alberto Garzón–, el suyo particular, no el teléfono del Palacio de La Zarzuela, ni el teléfono rojo, ni siquiera otro que en la agenda figurará como: “Rey Felipe teléfono del curro” (RF TC). De manera que, cuando tecleó el poco enfático mensaje en el que decía que a ver si hablaban, el iphone (porque ahora sabemos que el Rey utiliza un iphone que usa el imessage) que tecleaba era el suyo PT, no el TC.

No va a ser uno quien quite de la cabeza a las masas indignadas la idea de quemar en la plaza pública a quien deseen, no vaya a ser que me lleven en el arrebato. Solo se quiere significar que enviar un mensaje en el que quedas a comer con un amigo para que explique de qué va el marrón y su versión, no deja de ser un gesto humano. Servidor desconfía de quien solo se mueve por interés político, quien solo nada a favor de corriente, encuestas y de público, quien deja de lado a un amigo para sumarse al escarnio y el lapidamiento en el cadalso.

Más revelador del indómito y pejiguero carácter que la adorna es el mensaje de la tal Ltzia. Pasada de frenada, no tiene problemas en insultar a sus antiguos compañeros (los de la “mierda de LOC”), atribuir al Rey lo que parece que es cosa suya, juzgar sin tener todos los datos (“sabemos quién eres, nos respetamos”), y calificar a todo lo que no está a su mayestática altura social e intelectual como “merde”. Despectiva y cursi, ese “compi yogui” tiene pinta de ir a protagonizar la próxima sesión, ya sin violencia, de los “titiriteros” de la nueva política en los próximos meses. Claro que, una cosa es que revele el carácter que se atisbaba entre los cortinaje de la Corte, y otra que no siga tratándose de un acto privado de apoyo a un amigo que lo está pasando mal.

Además, a uno le da la sensación de que la correlación de los hechos que se está haciendo es incorrecta. La lectura de estos mensajes privados más bien parece indicar que López Madrid estaba en otro marrón posterior al de las tarjetas “black”, relacionado con su vida familiar y sexual.

Javier López Madrid ha tenido una temporada en la que se ha convertido en un individuo de peligrosa compañía pública. A los líos del espionaje en Madrid se unió la tarjeta 'black', la amistad con los cabecillas de la trama Púnica y luego un extraño caso en que ha sido acusado de intimidar sexualmente a un dermatóloga. Mucho ruido para que el río no lleve agua.

A cuenta de los imessage del Rey ya sabemos que una semana después, cuando comieron y López Madrid se explicó, rompieron la amistad. Allá él con su vida privada. Los ríos de aguas turbulentas casan mal con la jefatura de un Estado.

La revisión de los mensajes privados de los smartphones de los compañeros de vagón en el metro seguramente escandalizaría a los árbitros de la moralidad pública, del Santo Oficio. Yo me inmolo el primero: mis colegas no paran de enviarme día tras día la foto de la chica del As con procaces comentarios; además en otro grupo sometemos a lacerante humillación a otro amigo madridista (ese 0-1 del derby…) y, para colmo, he enviado un whatsapp de apoyo a mi hijo que ha cometido la tropelía de suspender física esta evaluación. ¡Quémenme en la plaza pública!

Ahora, la chorrada del “yogui”, lo juro señor inquisidor, esa cursilada uno no la pondría en la vida. ¡Ya quisiera tener la flexibilidad de la tal Ltzia.