futuro
OPINIÓN

El futuro empieza a parecerse al pasado

El hombre que se sienta en la mesa de al lado pasa las páginas del periódico sin demasiado interés. Está bien vestido, pero su cara refleja los costurones de una vida puñetera. Unas señoras cuchichean porque le ha pedido al camarero una copa de aguardiente a unas horas en las que el cuerpo aconseja pedir un café para espantar la somnolencia. Él nada dice, aunque es consciente de que se encuentra en la diana del reproche. Tras el lingotazo, reclama otra vez la atención del camarero para que en esta ocasión le sirva una cerveza pero no hay ninguna señal que permita deducir que está pimplado. Suena su teléfono móvil y emprende una conversación en un tono tan bajo como el de las mujeres que tiene a unos metros. Pero repentinamente, algo de lo que le dicen parece no gustarle y eleva la voz: "No sé por qué se enfadó. Yo me lo encontré en el pasillo con un chuta en el brazo e intenté despertarlo porque estaba recogiendo las cosas para entrar en el talego". Después, cuelga y continúa a lo suyo, con la mirada en las páginas del periódico pero la mente en otra parte.